11/21/2016

- Igual podía dejar atrás todo



Ésta, en teoría, sería la última semana de clases. La última-última, la última en serio. La última semana de secundaria de mi vida. Y aunque pensé que a mí no me iba a afectar porque me llevaba materias, ahora que lo pienso mejor puede que tenga algunos sentimientos ante la situación. Y no es para menos. Una etapa se cierra y otra nueva se abrirá pronto. No, no es para menos.

Ayer vi un video de una youtuber venezolana, Katie Angel, quien casualmente es médica. En realidad no sé si es tan casual, pero lo importante es que dijo una serie de frases que me llegaron al alma. Una de ellas trataba sobre los ciclos. Todo en la vida son ciclos, un ciclo se cierra y otro empieza. Y eso pasó toda la vida. Muchas veces, en el pasado, me quedé lamentando mis errores. Eso es algo que ya no quiero hacer. Quiero meterme en la filosofía de que todo pasa por algo y, lo más importante, es que justamente todo pasa. Lo malo va a pasar y algo bueno vendrá, pero no por eso debemos echarnos atrás. No por eso debo echarme atrás y lamentar todo.

Katie Angel, quiero aclarar, fue una youtuber de que formó parte de lo que yo llamo destino. Fue una de las señales de Dios para que yo me decidiera abandonar la idea de estudiar abogacía y decidirme por estudiar medicina. Y el video donde pronunció tan sentidas palabras fue justamente un video sobre medicina. Estaba hablando de los internos y me hizo enamorarme más de la carrera que tenía un poco abandonada.

De todas formas, tengo muchas cosas que hacer. Tengo que organizar mi vida. Ahora mismo estoy sacudida, todo desacomodado como lo está mi habitación. Así que no me vendría mal un poco de orden. U organización. Da igual.

Katherine, mi excompañera, terminó el cbc y el año que viene, mientras yo empiece a hacerlo, ella comenzará la carrera de medicina. Katy siempre fue una chica estudiosa. Me alegro por ella, pero por dentro tengo la incertidumbre y el miedo que me provoca lo nuevo. Katy súper estudiosa y yo lo contrario a ella. ¿Podré terminar el cbc en un año? Dios quiera que sí. Porque sí, confío plenamente en Dios.

Cuando consiga trabajo, me voy a poner a hacer dieta. Voy a comer sano e ir al gym o simplemente hacer una actividad que me haga quemar grasa. Quiero tener buen cuerpo, ser linda, y aprovecharé ahora que por fin me dejaron ir al gym y hacer dietas. Otro paso para aceptarme a mí misma.

Debo confesar que el futuro me intriga un poco y llega hasta a meterme miedo. La universidad, el trabajo, las materias que tengo que dar... Todo parece muy nuevo para mí. Pero intento mantener mis objetivos en mi mente y no perderme.

Sé que es muy temprano para decir esto, pero este año fue un año... casi de mierda. Este último tiempo he aprendido cosas muy valiosas e importantes para mi vida. He aprendido a ser más independiente en cuanto a lo emocional, a liberarme del malestar y empezar un camino dificultoso hacia el sentirme mejor. Pero bueno, sé que lo terminaré neutral. Sé que lo terminaré diferente a cómo lo empecé. Y no sé si eso es bueno o malo. Porque el año pasado lo empecé con una persona alagandome. Y este año lo terminaré sin esa persona. Sin el alago de nadie.

No quiero a nadie. No quiero estar con nadie, no quiero que nadie me tire onda, no quiero morir de amor por alguien. No quiero volver a enamorarme. No, no quiero. Por lo menos por ahora, aunque pienso que esto se va a extender por toda mi vida. Tengo miedo porque no quiero ser así toda la vida, solamente por estos momentos. No lo sé. Estoy cambiando. ¿Esto se llama madurar?

11/19/2016

- Pum



Hace mucho que no escribía acá. Pasé períodos más largos sin escribir, pero este fue raro... no sé por qué. Será porque miles cosas raras pasaron durante este tiempo o no sé bien. Tampoco tengo ganas de pensar mucho.

El treinta y uno de octubre tuve una entrevista de trabajo en KFC, una línea de comida rápida donde venden pollo frito. Las sucursales me quedaban algo lejanas, pero bueno. Igual no me llamaron, súper genial. Mentira. Sarcasmo. Y es que hubiera estado piola tener un trabajo y que me paguen, tener mi plata y mejorar en mi vida, y aunque esto me la bajó un poco, voy a seguir buscando. Todavía tengo orgullo herido porque me da cosa que ahora le tenga que decir a toda esa gente a la que le conté que tenía una entrevista que no quedé, que no me llamaron.

La semana pasada fui a Ciudad Universitaria aprovechando que el jueves no tenía clases. Fueron tres horas de viaje, pero bueno. Me gustó. El lugar es re lindo aunque no me toque estudiar ahí. Inclusive pasé por donde vive Nico. No es tan lindo el lugar, pero todavía me parece sorprendente que hayamos vivido toda la vida juntos y no nos hayamos dado cuenta. Es re loco pensar eso, en el destino, en las casualidades por más que hoy en día él no signifique nada positivo. Su recuerdo no me hace feliz, pero es un consuelo. Estos días estuve pensando en menor medida en él y en lo que él significa. De a poco el recuerdo de aquel viaje no tan satisfactorio se va borrando de mi memoria, pasando a ser no más que una experiencia lejana. Y es que no es para menos. El año que viene cumplimos diecinueve años, se van a cumplir dos años de la promo, dos años del viaje. Y aunque yo diga que lo tengo un poco superado, la realidad es que no. Me sigo mortificando por cosas que pasaron hace un año y meses, y sigo carcomiéndome la cabeza con ellas mientras que él está en su facultad, coqueteando con chicas y saliendo con amigos. Pero bueno. Pronto sé que a su recuerdo se lo llevará el tiempo.

Por otro lado, el treinta de noviembre tengo mi entrega de medallas. Me parece tan loco que hoy estemos a dos semanas de terminar, aunque yo precisamente no termino al empezar diciembre porque gracias a mi tontera, me llevé muchísimas materias, de las cuales la mitad mis papás ni enterados.

Cuando repetí, mi profesora de Geografía me dijo que cuál era la diferencia de repetir: que en vez de terminar un año, terminaba en dos. Eso era en febrero del dos mil catorce, y recuerdo que la vida se me venía encima. Se me derrumbaban las ilusiones y creía que mis sueños nunca se iban a cumplir. Un poco cursi, sí, teniendo en cuenta que ninguno de mis sueños se cumplió hasta ahora, pero bueno. Así es cómo me sentía yo: devastada. Es raro porque en ese momento no conocía a Nico, no me imaginaba lo que vendría después. Todos aquellos pensamientos, ni me los imaginaba, y hasta el día de hoy que veo fotos de esa fecha con su exnovia y pienso "guau, él no me conocía". Es raro, pero es así.

Me acuerdo que al salir de inscribirme en esta escuela, lloré. Lloré porque sabía que mi vida iba a cambiar, porque sabía que iba a dejar atrás muchas cosas. Lloré porque sabía que había perdido la posibilidad de vivir cosas que me hubieran gustado vivir. Ser promo de una forma correcta, vivir mi viaje de egresados de la manera correcta, con más amigas, con más aventuras. Seguir usando mi uniforme, comprarme un vestido lindo y llorar en la entrega de medallas con gente que me acompañó en casi toda mi vida. Las cosas fueron muy diferentes a cómo pensé y cómo las planeé, y creo que no son mejores a cómo hubieran sido. Hoy todas aquellas aventuras de nena inmadura que se porta mal quedaron en el olvido, en un recuerdo lejano, como si esa no hubiera sido yo por más que no haya cambiado nada. Inclusive Leandro, mi profesor, al que yo siempre consideré mi primer amor. Todo es tan lejano a esos tiempos en los que me gustaba torturarme con cualquier cosa.

Todo el dos mil catorce me la pasé llorando, ya sea metafóricamente o con lágrimas de dolor verdaderas, ya sea por haber repetido o por Ian. Tenía dieciséis años, antes no me parecía tan chica, ahora con dieciocho sí. Hice mi grupo de amigas y por un momento dejé de sentirme tan fracasada. Salía a fiestas de egresados y le caía bien a gran parte de mi grado. Hoy todo es distinto. Volví a lo que estaba, a no tener amigas o con quién salir. Y no sé si eso sea malo porque sé que hay muchas cosas de mí que quiero cambiar, que tengo que cambiar. Y lo tengo que hacer. Y las cosas por ahí pasaron así para que yo pudiera reconocer esto, para que yo empezara a darme cuenta que no soy tan perfecta como una Mariana narcisista alguna vez imaginó. Tal vez era hora de madurar un poco y darse cuenta que no soy esa princesa hermosa a la que todos adoran, una imagen completamente imaginaria, ni tampoco esa chica rebelde que se la agarra con todos. Simplemente no sé quién soy, pero sí sé qué quiero hacer. Y lo que me importa en este período es poder llegar a eso, poder mantener mi mente en el camino del positivismo, dejar de ser tan tóxica y pasajera, y relajarme en la estabilidad emocional para, quizás, estar bien conmigo misma por lo menos una vez en mi vida.

Una de las razones por las que quiero trabajar es para viajar a Armenia. Estaba entre Aruba y Armenia, y finalmente me decidí por Armenia. Sí, el viaje de egresados y Pibito tienen una gran influencia en eso. Pero debo reconocer que la belleza de Armenia brilla por sí sola. El viaje en sí me emociona. Viajar en avión durante treinta y pico de horas, hacer escalas en Amsterdam y Moscú yendo, y en París volviendo. Eso me emociona. Ese es uno de mis sueños, una de mis metas. Lo sueño. Lo quiero hacer.

Sí, seguramente ustedes ya lo habrán notado. Manejo un gran entusiasmo en mi vida, aunque sea mínimo. Y en parte es por Ian. Probablemente estas sean las últimas veces que lo nombre porque ahora sí está desapareciendo completamente de mi mente, de mi vida. De mí. Él hizo un gran trabajo en mi vida. Lo perdoné. No tengo resentimiento ni rencor hacia él. Comprendí que si de verdad lo quiero, lo tengo que dejar ir porque después de todo, sus sentimientos no pueden ser cambiados así como así. Y aunque logre cambiarlos, no importa de nada porque ya tenemos un pasado, un pasado que no se puede borrar así, un pasado que yo no puedo superar, que todavía me sigue doliendo como una estaca clavada profundamente en mi corazón. Eso no tiene remedio. Patalee, haga el berrinche más grande del mundo, derrame lágrimas de profundo dolor, nada va a cambiar. Lo que sí puedo cambiar es mi fracaso. Puedo dejar de fracasar, o por lo menos intentarlo. Puedo intentar ser otra, ser una nueva. Puedo intentar ser una yo nueva. Y eso es lo que Ian me enseñó. Lo bloqueé de todos lados y hoy en día son pocas las veces en las que pronuncio su nombre, en la que su recuerdo llena mi cabeza.

Hoy estoy más metida en ser feliz. Ya no quiero nada con nadie, no quiero estar con nadie. Lo único que quiero es cumplir mis metas. Mis pequeñas metas, de a poco y con paciencia, que hoy son conseguir un trabajo y viajar. Espero que mi vida despegue, sea mejor. Que nos olvidemos de este de año de mierda (por más que haya sido un año útil, el más útil de todos) y empezamos siendo nuevas. Sí, Mariana, empecemos siendo amigas. Dejar de odiarnos, de enemistarnos, y ser compañeras y amigas para transitar esto que se viene, que es nuestra vida.